miércoles, 22 de julio de 2009

LA MEDICINA EN EL CINE

Ficha técnica de la película
Título: El hombre del brazo de oro.Dirección: Otto Preminger.Guión: Walter Newman y Lewis Meltzer (basado en la novela The man with de golden arm escrita por Nelson Algren, 1949).Intérpretes: Frank Sinatra, Kim Novak, Eleanor Parker, Arnold Stang, Darren McGavin, Doro Merande y Robert Strauss.Año de estreno: 1955.Duración: 119 minutos.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta

ACERCA DEL ARGUMENTO
Frankie Machine (Frank Sinatra) acaba de salir de la cárcel. Adicto a la heroína y experto jugador de póquer, retorna a su barrio con el firme propósito de dar un giro radical a su vida. Esto es: alejarse de las partidas clandestinas de naipes y no volver a probar las drogas. En la clínica de desintoxicación en la que estuvo ingresado ha descubierto que no toca mal la batería, así que piensa solicitar trabajo en una banda de jazz. No va a ser nada fácil. Él ha cambiado, pero en su barrio le esperan los mismos claroscuros:
Zosh (Elenaor Parker), su esposa. Paralítica, posesiva y amargada, no se cansa de recordarle que él iba conduciendo borracho el día en que tuvieron el accidente tráfico que la confinó en una silla de ruedas.
Su antiguo patrono, que ya le tiene organizada una nueva partida de póquer y su distribuidor habitual de droga, que le sigue abriendo con gusto las puertas de su casa. Ambos, al igual que Zosh, se burlan de las pretensiones musicales de Machine. Dan por supuesto que Frankie será incapaz de alejarse de lo que hasta ahora ha sido su mundo. Su escepticismo encubre, en realidad, un enorme egoísmo.
Sparrow. Bajito, cegato y simplón, pero amigo incondicional.
Molly (Kim Novak). Su actual y verdadero amor. Confía en las capacidades de Frankie y le apoya como solo lo hace quien respeta y ama, quien se sabe respetada y amada.

TRAS EL ARGUMENTO, UNA VISIÓN GENERAL
Según Alfonso Velasco1, El hombre del brazo de oro tuvo que superar bastantes obstáculos para convencer a la poderosa censura del Hollywood de la época, al mostrar en toda su crudeza el descenso a los infiernos de la heroína de un jugador de póquer […] describiendo de forma precisa la degradación física y emocional a la que es sometido a medida que avanza por el camino de la droga. La película retrata fielmente las condiciones sociales que conforman el caldo de cultivo del yonqui: la vida sin expectativas, los personajes miserables sin futuro, la marginación, etc.

DESPUÉS DE LO GENERAL, LO PARTICULAR
Me refiero con ello a una serie de momentos de este magistral filme que, desde el punto de vista de la atención a las drogodependencias, son interesantísimos. Tanto por lo que cuentan por cómo lo hacen destacaría las siguientes escenas:
Cuando Frankie llega al barrio comenta que ha estado ingresado en una cárcel diferente, más bien parecida a un hospital. Había un doctor muy bueno porque se preocupaba por mí. Dado que el hábito de Machine estaba muy relacionado con su fuente de ingresos (las partidas clandestinas de naipes), en la clínica intentan buscar otra alternativa laboral (con el fin de mantener la abstinencia y alcanzar la deshabituación). A Frankie no se le da mal tocar la batería, por eso le facilitan una para que pueda ensayar en casa y además le dan una carta de presentación para un empresario que tiene contactos con el mundo de las orquestas de jazz.
Cuando Frankie se droga tiene que ir a la casa de su proveedor. Allí le paga y es éste mismo quien, en todas las ocasiones, le inyecta la droga en su brazo izquierdo (ese brazo de oro que, junto con los naipes, decide su suerte y la del resto de los participantes de las partidas).
Cuando Frankie recae, Molly lo nota en su comportamiento. Por eso le pide un cigarrillo. Tras encenderlo, acerca la llama del fósforo a los ojos de su amante (¡qué primer plano del rostro de Sinatra!). Las pupilas han hablado.
Al haber hurtado un traje, Frankie y Sparrow pasan unas horas en la celda de la comisaría. Cuando Machine se dirige a uno de los bancos del cubículo, no llega a sentarse. Mirando al individuo que lo ocupa, se aparta despavorido. Sabe lo que va a ocurrir. De repente, el hombre se abalanza sobre la puerta y trepa por los barrotes. Enganchándose a ellos, sacude desesperado la barrera mientras clama por la inyección que necesita. En la otra esquina, alejado de este hombre que más parece un animal, Frankie también se aferra a los hierros. Su crispado rostro está surcado de lágrimas (nuevamente, impresionante primer plano de Sinatra).
En plena recaída, Frankie cumple en su totalidad los criterios de dependencia y tolerancia. Como ya le vaticinara su camello: me volverás a llamar y cada vez necesitarás más. Así, la búsqueda de droga se convierte en el principal objetivo de su día a día. No importa lo que tenga que llegar a hacer o lo bajo que haya que caer. Suplica. Agrede a su proveedor. Irrumpe en su casa y en la de Molly revolviéndolo todo, buscando como un loco algo de dinero. Finalmente, rompe con su propio código de honor y hace trampas en la decisiva partida de cartas que le han encargado.
Frankie no consigue la dosis deseada y pasa el síndrome de abstinencia en casa de Molly. Ya le advierte que lo encierre y no le deje salir, porque si lo hace será para drogarse. Inquieto, hiperactivo, sudoroso y tembloroso, Machine no cesa de aporrear la puerta y las paredes mientras destroza todo lo que encuentra. Tirado en el suelo, doblado de dolor, quejándose del enorme frío que siente, nota cómo Molly lo arropa y se acuesta sobre él. Esta mujer, decididamente, sabe cómo proporcionarle lo que en cada momento necesita. Agotados, les despierta la luz del día. Lo peor ha pasado. Frankie tiene hambre y pide azúcar.
Velasco A. Las drogas en la cultura: una visión desde la literatura y el cine. En: Álamo C y colaboradores. Avances en drogodependencias. Las Palmas de Gran Canaria: Gabinete de Asesoramiento y Formación Sociosanitaria (GAFOS), 2008

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