jueves, 15 de mayo de 2008

HEREDEROS DE GLORIA

EN LA TAQUILLA

Botas, pistola, linterna, extensible, grilletes y cargador, me abrocho la camisa y me acicalo la gorra. Incorporo libreta y bolígrafo al bagaje de herramientas, todas son útiles para el día que comienza. Busco el dial adecuado y sintonizo en mi mente el canal adecuado para tratar con la gente, chorizos, secuaces y jefes indolentes

EN EL DESPACHO

Unas notas pegadas en la pared, hablando de permisos, de buscas, de juicios y de personas de interés. De libros en los que apuntar el vehículo y poker. ¿Qué vehículo? ¿Qué poker? Donde está la llave de mi moto oficial, la que tengo asigná.
Espero el Breakfing, pero…ya no recordaba que eso es sólo para las pelis.

En el pasillo, observo el tablón de algún sindicato en el que se nos informa de que ya somos 57 euros más ricos al mes. Que alegría de que ya sólo nos falte para equipararnos a los demás policías, 600 euros, 100 años y un día.

EN LA PUERTA DE COMISARIA

Subido a mi moto miro al personal, entran y salen. Grandes grupos se pueden observar.
Unos los herederos de gloria
Otros lo herederos de la empresa.
Los primeros: Compañeros-Jefes (antes son compañeros que Jefes), Patrulleros, moteros, de la judicial, de la guardia, extranjería, conducciones, científica y seguridad. Buena gente. Como diría mi cuñao “De calidad suprema”
Los segundos (los que tienen acciones en el Cortijo, sin preocuparse de nada más): Paloteros, repaloteros, trepas, retrepas, chupa-ruedas, lacayos, Jefecillos tiranos y Jefe del Feudo. Es la fauna de ésta selva. Los menos. Los más Laureados.

Laureles que son convertidos en medallas, medallas convertidas cuan papel mojado en una bolsa de chucherías de colores,… la blanca,… la roja. Que se reparten con el criterio de una ruleta trucada de feria. Perjudicando así, al que verdaderamente la posee por que se la merece, perdiendo ésta, de éste modo su verdadero valor y consideración.

Me subo a la moto casco en ristre. En mi cabeza suena el estribillo de una canción de la “Mala Rodríguez”. “Que suenen los cañones, que suenen los cañones, que estalle la pólvora a borbotones, que la tripulación se moje, se arroje a la batalla sin temores, …se ganen las heridas con honores.” CON HONORES

EN LA CALLE (LA TRINCHERA)

Suena el equipo, la Sala nos comisiona a un servicio. Mientras tanto pienso en como la debemos solucionar, para que todo quede restablecido, nadie salga herido, y a nosotros no nos pase ná.

Se trata de una alarma, nos aclaran. Ya estamos otra vez, el servicio público al servicio de la empresa privada. En éste país hay cosas que no cambian. Ya podría ir el segurita y que nos avise si le hacemos falta, que luego no hay zetas disponibles con tantas falsas alarmas, y no se pueden atender los servicios urgentes y necesarios de seguridad ciudadana

EN LA CAFETERIA

¿Nos paramos a tomar un café? Sería un buen comienzo, le comento al compañero. Como si fuera un ritual. Donde no cueste pasta, me dice él. La elección es fácil, con éste miserable sueldo. Muchas cafeterías se portan bien con nosotros y es porque “Por el interés baila el perro”. Como en simbiosis, todos beneficios obtenemos. Un cortado y uno con leche, le pedimos al camarero, a la vez que éste nos saluda con esmero. Nos lo tomamos. Las pilas ya están puestas. Salimos a la calle para lo que acontezca.

EN EL RUEDO

Paramos a identificar, en un barrio conflictivo a un niñato que me saca tres cuartas de altura y algo más. Porqué te voy a dar la documentación, en plan chulo nos responde él. Pues porque yo soy el policía y usted el que tiene que obedecer. Éste es mi trabajo no lo sabe usted. Mientras tanto pienso si no se me habrá olvidado ponerme el uniforme o es que no me ve o no me entiende. He de andar con cuidado, se que busca provocarme, y no perder los nervios, porque agredir a un Policía vale solo 30 euros y el principio de autoridad está por los suelos.

Como quieren que defendamos si nosotros ya estamos indefensos, como quieren que desde nuestra inseguridad, demos tranquilidad y no terminemos preso, porque su señoría piense que nuestras heridas van en el sueldo y las del agresor son por un exceso de celo en cumplir nuestro cometido y nos hemos pasado en detenerlo.

. ¿Lleva usted algo encima que le pueda comprometer?. Que yo no tengo ná. Que no me toque. Que me deje. Me responde él. Le voy a cachear, le informo ¿Qué busca, drogas, un tesoro?
¡Que yo no busco tesoros, ya soy un tesoro de cabeza a pies! Le respondo.

Me lo llevo a los medios y le brindo banderillas de las de Acta por falta de respeto a Agentes de la Autoridad, son un montó de euros, creo que eso le va a picar. Mientras tanto pienso -Y como te pases te doy con el estoque, ¡pringao!-

Room, room, suena la moto, nos vamos del lugar y mirando al tendio me digo ahí queda eso, ya veras a mitad de mes la cara que se te va a poner cuando llegue la sanción y te quedes tieso.

EL DESCONTROL

Nos llaman por el equipo, la antena es solo un muelle, de botón de volumen carece, la pantalla esta agrietada igual que nuestra moral.
Debemos montar un control junto a Policía Local.
En el lugar se encuentran los compañeros de la nacional, con chaqueta corta, corbatas al viento, porras morcillonas, gorras de plato y de béisbol, cazadoras de proximidad, pantalón de campana y jerséis con remiendo. Linternas-cono de atrezo, piruletas de pasteleo, y chalecos reflectantes lleno-mierda del maletero. De tetrápodos, rastrillo, señales viales y demás material na de ná.
Somos retazos de los fracasos de los últimos programas de seguridad. El plan Becllok, el plan Focus, Policía 2000 y proximidad. Escaparate de rebajas. Fachada de imagen de seguridad. La moda ya se olvidó de nosotros. Para ella sólo somos un recuerdo. Es hora de exigir que se cumpla la norma de Prevención de Riesgo Laboral para que podamos cumplir nuestro trabajo con seguridad, operatividad y comodidad.

A nuestro lado la Policía Local, con botas “Mágnum”, extensibles “ASP”, chalecos antibalas de última generación, gafas “Raiban”, y pistolas “GLOK”, todo ello aderezado con una nomina de impresión.
Me siento al lado de ellos un paria. Presiento que éste Cuerpo se desmorona a favor de la Policía menor, de nuestros auxiliares, de los Locales.
Como está configurado nuestro país, no podía de ser de otra manera, somos fiel reflejo de nuestra sociedad, donde el todo, va perdiendo su identidad a favor de sus partes más pequeñas que cada vez adquieren más importancia y en estos momentos, nos toca pagar los platos rotos

EN RUTA

Suenan las motocicletas. Ya es primavera. El aire azota mi cuerpo. Por el camino miro a la muchedumbre por si veo algún malo suelto. También observo las gachís que andan con paso sensual por la acera. Y…. ¡Me cachisss! Casi me rompo el cuello con tanta sensualidad suelta.

POR QUIENES DOBLAN LAS CAMPANAS

Sabes compañero, este trabajo te realiza, pero también desgasta. Sobre todo quema. El sistema, el sueldo, la ingratitud, las condiciones de trabajo, el puto paloteo, las decisiones de algunos jueces, la de los políticos.
Sabes, a veces pienso que esto no está pagao.
Si, pero nuestra recompensa es a titulo personal. Saber que nuestro trabajo bien hecho, redunda en beneficio de nuestra sociedad, de nuestros semejantes, de todos.
También es triste pensar que esta es una empresa donde los nuevos entran con una enorme ilusión y el sistema, nuestra organización, en vez de aprovechar ese potencial, esa ilusión, se encarga en un tiempo record de destruirla a cañonazos….
Los puestos de trabajo de libre designación, que son “enchufes” encubiertos….
El “moving”, cuando te castigan a Seguridad, a la puerta de Comisaría, muchas veces por no seguir la corriente, cuando te presionan para hacer palotes estadísticos sin importarles un comino la calidad del servicio que realizas, etc., etc.
Eso, como tantas cosas, tendremos que cambiarla entre todos. Nos quejamos de los sindicatos, pero, cuando convocan una manifestación no va nadie, y ellos no pueden hacer presión si no tienen apoyos. Es una pescadilla que se muerde la cola. Son la única herramienta que tenemos para transformar las cosas (aunque fueron creados con minusvalía al ser policiales y no de clase), y a nosotros nos toca cambiar lo que tenemos, a los sindicatos y a nuestra mentalidad. Hay que empezar por uno mismo.

Eso es significativo.
El qué
Lo que acabas de decir.
También lo es el que la mayoría de nuestras pequeñas-grandes intervenciones queden en el anonimato, y los malos al poco tiempo estén en la calle. A veces creo que nuestro trabajo no sirve para nada.
Sí, pero es la suma de todas esas intervenciones lo que contribuye, como una inmensa marea a sostener la seguridad de éste País, que es la seguridad de todos, la de los tuyos y la de los míos, que es lo importante.
Y,… el que la mayoría de los resultados obtenidos hayan sido a costa de la profesionalidad de los que conformamos éste Cuerpo, de sacarlo de nuestro sacrificio, de nuestro esfuerzo, de nuestro bolsillo adquiriendo material policial, de las horas extras olvidadas, y de que a pesar de sentirnos engañados por políticos y sindicatos, estamos día a día dando lo mejor de nosotros, dice mucho de la grandeza de éste Cuerpo, esa es nuestra grandeza, la tuya, la mía.

A lo lejos el Sol ya se apaga, nosotros emprendemos el camino de vuelta a base, es un trayecto corto, pequeño, el de nuestra labor es un camino grande, muy largo
Pero más grande es nuestra vocación, sincera, solidaria.
Y nuestro trabajo, anónimo la mayoría de las veces y público cuando nos equivocamos.
Al final de todo esto tan sólo quedamos nosotros.
Los policías,
Los Cruzados de la Seguridad Ciudadana.
Nuestro ideal de lo que está bien.
¿Cruzados?
Sí, has oído bien.
Me gusta.
Bueno, mañana será otro día.

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