sábado, 20 de junio de 2009

NOTICIAS DESDE MI TIERRINA

El martes empieza el verano.

Aunque toque trabajar, el verano siempre anima.

Aquí no hemos tenido primavera, nos ha venido mal tiempo casi todos los días.

Los periódicos dicen que este verano igual nos vienen un poco más de lluvias que otros años por el norte.

Bueno, allí (EN EL ARCHIPIELAGO...) teneís verano todo el año ;)

FDO: HEVY

VICENTE FERRER

Tenía 89 años, así que ha sido una larga vida y deja un gran legado.

Cómo el mismo dijo (http://www.fundacionvicenteferrer.org/vicente_ferrer/video.html):

"cuando pienso en la muerte, no pienso en la muerte, pienso en la felicidad", "...

estamos en este mundo para remediar los males...".

ESTUDIANDO DESDE CUALQUIER SITIO...necesario computadora, pc, ordenador....

http://www.aulafacil.com/Aleman1/CursoAleman/CursoAleman.htm

HAY MUCHAS MAS COSAS INTERESANTES PARA TODOS AQUELLOS QUE QUIERAN APRENDER...

"La vida es hermosa, vivirla no es una casualidad"

FDO: D.C

AYER FUE UN DIA MUY TRISTE....

Queridos amigas y amigos

Vicente Ferrer ha fallecido esta madrugada en Anantapur, la India, donde vivió y trabajó durante más de 40 años junto a los más desfavorecidos.

Hoy hemos perdido a un hombre que confió en la "acción buena" y que vivió bajo el convencimiento de que es posible construir un mundo más justo.

Una de las figuras más relevantes de nuestro siglo en el ámbito de la cooperación.

En la Fundación lamentamos profundamente su marcha y nos comprometemos a continuar, con vuestro apoyo, el proyecto que él inició en vida.

"El sufrimiento no está para ser entendido sino para ser resuelto.

" Vicente Ferrer Desde la India y desde España, recibid un fuerte abrazo de parte de todo el equipo de la Fundación Vicente Ferrer.

Pincha aquí para visitar nuestra web.

viernes, 19 de junio de 2009

EL TRASLADO EN AMBULANCIA DEBE HACERSE SIN PAUSA PERO SIN PRISA!


El traslado en ambulancia debe hacerse sin pausa, pero sin prisaHay que desterrar la idea de que llevar a un enfermo al hospital ha de ser una carrera a toda velocidad.

Una vez que se estabiliza al paciente «in situ», no hace falta correr
ALEJANDRA RODRÍGUEZ

Las series de televisión y las películas en las que una ambulancia llega a la puerta de urgencias de un hospital derrapando y sembrando el pánico entre los viandantes cercanos han hecho un flaco favor a los profesionales sanitarios que tienen que lidiar a diario con las complicaciones del traslado de enfermos y accidentados.

Este tipo de secuencias ha calado hondo en la mente de los usuarios, que tienden a pensar que el transporte de este tipo de pasajeros ha de hacerse a una velocidad de vértigo, como si se estuviera compitiendo en un rally.

«Hace años, se tenía el concepto de que una ambulancia era un taxi con sirenas; cuando, en realidad, el traslado forma parte de una cadena de actos asistenciales que empieza en la llamada que se hace a los servicios de urgencia y acaba cuando el afectado llega al centro hospitalario», explica Carlos Gracia Sos, enfermero del cuerpo de bomberos de Zaragoza, con 25 años de experiencia a sus espaldas.

Este especialista coincide con el resto de sus colegas en que «cuando te diriges al lugar en el que se encuentra el paciente puedes permitirte ir más deprisa», pero «jamás puedes poner en peligro la vida de los peatones, de los sanitarios que van en el vehículo o de otros conductores», señala José Luis Pérez Olmo, vicepresidente de la Sociedad Española de Enfermería de Urgencias y Emergencias (SEEUE).

Una vez que el equipo médico ha llegado al lugar indicado, la serenidad ha de regir para todo el personal que va a actuar allí.

«En nuestro país no se aplica el modelo de 'coge al enfermo y corre' como en otros en los que el transporte lo llevan a cabo paramédicos», advierte este experto.

«Aquí disponemos de suficientes medios técnicos y humanos para estabilizar al paciente 'in' 'situ' y llevarlo al centro útil [que no siempre es el más cercano, sino el que puede dispensar el mejor tratamiento posible] en las mejores condiciones», continúa.

OBSTÁCULOS Y es que si un viaje en coche puede marear a cualquiera especialmente predispuesto, cabe imaginar el suplicio que puede suponer para una persona enferma o accidentada hacerlo en un vehículo que no cesa de sufrir movimientos bruscos y vaivenes.

El paciente que va en una ambulancia está sometido a fuerzas de gravedad lineales y angulares de manera que los acelerones y frenazos alteran la tensión sanguínea, la frecuencia cardiaca, la presión intracraneal y el ritmo de la respiración.

«En algunos pacientes muy graves pueden producirse paradas cardiorrespiratorias fatales», apostilla Ervigio Corral, subdirector del SAMUR y responsable de la secretaría de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).

Asimismo, la fuerza centrífuga que se advierte cuando se toman las curvas, puede incidir en todos estos parámetros si se hacen giros muy cerrados en los que el vehículo colea.

Las vibraciones tampoco contribuyen a hacer que el traslado al hospital sea agradable.

Además del latido cardiaco y la frecuencia respiratoria, también se presentan dolores abdominales y de cabeza, elevación de la tensión arterial y dificultades para hablar y comunicarse con los sanitarios.

«Es importante evitar los baches, las calles con adoquines o los terrenos irregulares», enumera Carlos Gracia, quien también insiste en la necesidad de crear un entorno confortable para el sujeto haciendo un uso adecuado de las señales acústicas y luminosas y evitando variaciones bruscas en la temperatura del habitáculo.

En definitiva, estos especialistas aconsejan realizar una conducción suave, prudente y regular.

«No conviene pasar jamás de los 40km/h, pero más importante que eso es que no se produzcan acelerones ni frenazos; si nos escoltan las fuerzas de seguridad hay que tener en cuenta que son ellos los que han de adaptarse a nuestra velocidad, no nosotros a ellos», indica este especialista, partidario de que los encargados del transporte sanitario reciban un carné profesional que actualmente no poseen y de que los vehículos vayan dotados de luces de emergencia de color azul (iguales que los de la Guardia Civil y cuerpos de Policía) y no amarillas (semejantes a las de los servicios de limpieza).

«Esto ayudaría a que los demás conductores nos abrieran camino; nos identificaría mejor entre el tráfico», sostiene Gracia.

En definitiva, «hay que huir de las verbenas sanitarias», apunta el vicepresidente de SEEUE que «son muy llamativas, pero contraproducentes».

¿Y cómo acoge la familia el hecho de que el traslado se haga 'despacio'?

«Cuando informas bien de por qué hay que obrar así no suele haber problemas», coinciden los expertos.

FDO: D.C

jueves, 18 de junio de 2009

SIMULACRO 2009 EN EL PUERTO DE S/C DE TENERIFE

El Colegio de Enfermería clausura la cuarta edición del curso "Experto en enfermería de urgencias y emergencias" con la realización de un simulacro de accidente de tráfico múltiple con 27 heridos. El Servicio de Urgencias Canario (SUC), Cruz Roja, Protección Civil y Autoridad Portuaria colaboraron con el ejercicio.

13/jun/09 07:43
EL DÍA, S/C de Tenerife El Colegio de Enfermería clausuró ayer la cuarta edición del curso de "Experto en enfermería de urgencias y emergencias" con la realización de un simulacro de accidente con múltiples víctimas en la Dársena de Los Llanos, en el Muelle de Santa Cruz de Tenerife.El ejercicio, con el que culminó la formación recibida por los 62 enfermeros inscritos en el curso, puso de manifiesto la excelente preparación con la que cuentan estos profesionales para la atención a víctimas en siniestros y catástrofes.En el simulacro de ayer, un total de 27 personas resultaron heridas de diversa consideración en un accidente producido por la colisión de varios turismos y una moto, en el que se vieron implicados peatones, además de los ocupantes de los vehículos.Los enfermeros en prácticas, junto al personal sanitario del Servicio de Urgencias Canario (SUC), Policía Local, Protección Civil y Consorcio de Bomberos, Cruz Roja, Autoridad Portuaria, policía portuaria y la empresa de ambulancias ISCAN.Para la asistencia a las víctimas, el SUC desplegó uno de sus hospitales móviles o Puestos Médicos Avanzados (PMA) -dotado de UVI móvil, material electromédico y medicación de urgencia, así como 12 camillas para la estabilización de afectados- y movilizó una ambulancia de soporte vital básico, una de soporte vital avanzado, un vehículo de intervención rápida y dos de coordinación sanitaria, uno de apoyo logístico y una unidad móvil para catástrofes.Protección Civil colaboró con un Puesto de Mando Avanzado, voluntarios y varios vehículos para el traslado de heridos, así como en la instalación del hospital de campaña atendido por los enfermeros del curso y el SUC.Por su parte, el Consorcio de Bomberos de Santa Cruz de Tenerife participó con un vehículo de intervención para extracción de las víctimas atrapadas, a las que logró liberar.Por último, Cruz Roja prestó su apoyo con dos ambulancias de soporte vital básico pertenecientes a varias de sus asambleas, voluntarios y material sanitario.Durante el simulacro se utilizó un método de triaje o valoración que se realiza colocando a los heridos unas tarjetas identificativas con colores en función de la gravedad de las heridas que presentan. El color negro se utiliza para señalar a los fallecidos; el rojo para los heridos de carácter grave; el amarillo para las lesiones menos graves y el verde para los que no precisan traslado o están ilesos.

COMO BUSCARSE LA RUINA POR ARTURO PEREZ REVERTE

Me despierta un ruido y miro el reloj de la mesilla de noche.

Ha sonado en la planta de abajo.

Así que cojo la linterna y el cuchillo K-Bar de marine americano –recuerdo de Disneylandia– y bajo las escaleras intentando ir tranquilo y echar cuentas.

Cuántos son, altos o bajos, nacionales o de importación, armados o no. Si estuviera en un país normal, este agobio sería relativo.

Bajaría con una escopeta de caza, y una vez abajo haría pumba, pumba, sin decir buenas noches. Albanokosovares al cielo. O lo que sean.

Pero estoy en la sierra de Madrid, España. Tampoco me gusta la caza ni tengo escopeta. Sólo un Kalashnikov –otro recuerdo de Disneylandia– que ya no dispara.

Por otra parte, una escopeta no iba a servirme de nada. Estoy en la España líder de Occidente, repito. Aquí el procedimiento varía. Mientras bajo por la escalera –de mi casa, insisto– con el cuchillo en la mano, lo que voy es haciendo cálculos. Pensando, si se lía la pajarraca, si no me ponen mirando a Triana y si tengo suerte de esparramar a algún malo, en lo que voy a contar luego a la Guardia Civil y al juez. Que tiene huevos.

Lo primero, a ver cómo averiguo cuántos son.
Porque si encuentro a un caco solo y tengo la fortuna de arrimarme y tirarle un viaje, antes debo establecer los parámetros.

Imaginen que descubro a uno robándome las películas de John Wayne, le doy una mojada a oscuras, y resulta que el fulano está solo y no lleva armas, o lleva un destornillador, mientras que yo se la endiño con una hoja de palmo y pico. Ruina total.

La violencia debe ser proporcionada, ojo. Y para que lo sea, antes he de asegurarme de lo que lleva el pavo. Y de sus intenciones.

No es lo mismo que un bulto oscuro que se cuela en tu casa de madrugada tenga el propósito de robarte Río Bravo que violar a tu mujer, a tu madre, a tus niñas y a la chacha. Todo eso hay que establecerlo antes con el diálogo adecuado.
¿A qué viene usted exactamente, buen hombre?
¿Cuáles son sus intenciones?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?…
Y si el otro no domina el español, recurriendo a un medio alternativo. No añadamos, por Dios, el agravante de xenofobia a la prepotencia.

Pero la cosa no acaba ahí. Incluso si establezco con luz y taquígrafos los móviles exactos y el armamento del malo, un juez –eso depende del que me toque– puede decidir que encontrártelo de noche en casa, incluso armado de igual a igual, no es motivo suficiente para el acto fascista de pegarle una puñalada.

Además hay que demostrar que se enfrentó a ti, que ésa es otra. Y no digo ya si en vez de darle un pinchazo, en el calor de la refriega le pegas tres o cuatro. Ahí vas listo. Ensañamiento y alevosía, por lo menos.

En cualquier caso, violencia innecesaria; como en el episodio reciente de ese secuestrado con su mujer que, para librarse de sus captores, les quitó el cuchillo y le endiñó seis puñaladas a uno de ellos.

Estaría cabreadillo, supongo, o el otro no se dejaba. Pues nada. Diez años de prisión, reducidos a cinco por el Tribunal Supremo. Lo normal. Por chulo. Imaginemos sin embargo que, en vez de cuchillo, lo que esta noche lleva el malo es una pistola de verdad. Y que en un alarde de perspicacia y de potra increíble lo advierto en la oscuridad, me abalanzo heroico sobre el malvado, desarmándolo, y forcejeamos.

Y pum. Le pego un tiro. Ruina absoluta, oigan.

Sale más barato dejar que él me lo pegue a mí, porque hasta pueden demandarme los familiares del difunto.

Otra cosa sería que el malo estuviese acompañado.

En tal caso, nuestra legislación es comprensiva. Sólo tengo que abalanzarme vigorosamente sobre él, arrebatarle el fusco, calcular con astuta visión de conjunto cuántos malos hay en la casa, qué armamento llevan y cuáles son las intenciones de cada uno, y dispararle, no al que lleve barra de hierro, navaja empalmada, bate de béisbol o pistola simulada –ojito con esto último, hay que acercarse y comprobarlo antes–, sino a aquel que cargue de pistolón o subfusil para arriba.

Todo eso, asegurándome bien, pese a la oscuridad y el previsible barullo, de que en ese momento el fulano no se está dando ya a la fuga; porque en tal caso la cagaste, Burlancaster.

En cuanto al del bate de béisbol, el procedimiento es simple: dejo la pistola, voy en busca de otro bate, bastón o paraguas de similares dimensiones y le hago frente, mientras afeo su conducta y le pregunto si sólo pretende llevarse las joyas de la familia o si sus intenciones incluyen, además, romperme el ojete.

Luego hago lo mismo con el de la navaja. Y así sucesivamente.

El caso es que, cuando llego al final de la escalera, comiéndome el tarro y más pendiente de las explicaciones que daré mañana, si salgo de ésta, que de lo que pueda encontrar abajo, compruebo que se ha ido dos o tres veces la luz, y que el ruido era del deuvedé y de la tele al encenderse.

Y pienso que por esta vez me he salvado. De ir a la cárcel, quiero decir. Traía más cuenta dejar que me robaran.